Isla Mocha

Isla Mocha

La odisea de las almas salvadas por el fuego

 

¿Se ha preguntado alguna vez como sería el sitio que el alma ingresa  inmediato a la muerte del cuerpo?  ¿Le interesaría saber por qué el fuego es el gran tema personal que allí se evalúa? La función sagrada de las ballenas, el remolino de las aguas, los tatuajes con fuego y el destino post mortem de nuestra propia alma,  pueden ser develados si nos acercamos a la enigmática Isla

El nombre de  isla Mocha  corresponde a una  castellanización deformada de Amuchura, “la resurrección de las almas”, voz con la  que antiguamente así llamaban los mapuche-lafkenches a la actual  isla Mocha. El vocablo procede de am, “alma”, de  utrul, “amontonar”  y de aretu, “conseguir algo para ser devuelto”, de preferencia la misma cosa.  Es decir, el nombre de la Isla Mocha literalmente significa “lugar donde se amontonan las almas para conseguir ser devueltas al destino (que les corresponde)”. La traducción obedece a que -según la tradición nativa- allí es propiamente la entrada al Küllchen Mayeo o küllchenmaiwe, el Otro Mundo, y por tanto, el lugar de antesala a la evaluación del alma, donde la Jueza divina, la Trempülkawe, realiza un severo test ontológico que permite conocer el destino post mortem del difunto/a.  Como dato arqueológico importante, hoy se afirma la tesis de que los polinesios habrían convivido con los mapuche. Científicos chilenos descubrieron huesos de una gallina polinesia cuyo ADN demostró ser de entre 1304 y 1424 d.C. Los huesos probarían que navegantes de Oceanía –que habrían traído las gallinas– tuvieron contacto con América antes que los españoles. Resulta llamativo que el análisis genético de los huesos sea igual a los de la isla Tonga y no a los de Rapa Nui que están más cercanos. Las aguas de la isla Mocha se destacan como el hogar del famoso cachalote del siglo XIX, Mocha Dick, la cual sirvió de inspiración para la ballena ficticia Moby Dick en la novela de 1851 del mismo nombre, de Herman Melville.

¿Cuál es la  experiencia turística en la Isla Mocha?

 La isla que es  una de las grandes joyas en el destino Arauco, particularmente en lo que respecta al turismo  de intereses especiales.  Entre los imperdibles de la isla, apartes de las cabalgatas y la excelente acogida en diversos lodges y cabañas, se encuentra visitar el faro viejo, además de las playas del sector norte, la soberana presencia de acaso los más bellos arrayanes en un bosque nativo prodigioso, un lugar donde se puede apreciar el fenómeno único del fuego en el mar debido a la presencia de pozos naturales de gas. En el ámbito gastronómico, destacan por cierto, las empanadas de mariscos elaboradas con productos extraídos allí y un sabor único, los asados con el  “cordero mochano” y las abundantes papayas y nalcas que se dan en la isla.

Por cierto, más allá de la comida, de los paseos, los trekking a caballo, oír la historia de innumerables  naufragios y sus vestigios, naves que nunca volvieron,  los hábitos de la cultura ballenera, la joya de la isla es la experiencia evaluadora de la vida. Es  la circunstancia ideal  para ver de lejos lo que la persona que la visita justo está viviendo en el continente o en otras islas. Porque la Mocha tiene ese poderoso relato anterior de ser el sitio donde el alma nuestra será sopesada y juzgada cuando ingrese al Más Allá. Porque, dentro de cultura mapuche-lafkenche, corresponde al más venerable y esóterico de los lugares pues allí se viven y se determinan las primeras nuevas experiencias mas allá de la muerte del cuerpo.  Por tanto, la experiencia es que allí todo está cómodamente dispuesto para adelantar ese examen, para hacérselo uno mismo, para autoevaluarse  y no esperar que llegue  el último día  y venga a nosotros la mítica Jueza Divina mapuche, la Trempülkawe, remolineando por el mar a lomo de ballena, a hacernos las grandes preguntas que acaso sistemáticamente hemos eludido : ¿Qué justifica la vida y mi vida ? ¿Vale la pena aquel esfuerzo, el que ahora estoy haciendo y tanto me consume? ¿Qué guión sigue el cuento o  película de mi existencia?, ¿soy yo el verdadero director de mi propia película? Porque  la Isla nos ofrece esa necesaria distancia, la ocasión ideal para  ver en retrospectiva nuestra existencia y determinar, por ejemplo, qué tipo de fuego estoy cultivando, porque la pregunta central de aquella Jueza de la Naturaleza es la interrogación acerca del tipo de fuego que nos abraza o no nos abraza.  Es decir, allí en la Mocha, el espacio de las cabañas y las caminatas  se acomoda entero  para preguntarme ¿lo que hago, corresponde a la misión que enamora mi alma? ¿Me llena de sentido lo que hago?  ¿O ya se me ha apagado el fuego de mis ideales que tanto hacían vibrar mi alma?

Y hay un dato no menor de la cultura mapuche: para que la experiencia allí sea positiva y la estancia en la Isla sin contratiempos, siempre que se le  visite  se debe desembarcar y dar los primeros paso por o hacia  la derecha, dado que ese sentido es el de la luz racional, la de la sensatez consciente y de la sabiduría. La izquierda corresponde al inconsciente, a la noche, al caos creador, y con ello, a todos los peligros. Asimismo, antes de pisar tierra, es preciso pedir permiso y entregarle un pequeño obsequio a la Dueña de la isla, a la divina Trempülkawe, para que nos alumbre antes de su juicio o veredicto final respecto a lo que hicimos con nuestra existencia. Lo ideal es que el regalito, lanzado a las aguas, sea un pequeño bordado, ya que este es el símbolo del tejido de la vida, la misma que Ella evalúa.

La Jueza divina y dueña de la Isla

 En la cultura mapuche-lafkenche, la Trempülkawe, aparte de ser el espíritu tutelar de la Isla,  es la evaluadora de las almas. Es la divinidad femenina mayor –una anciana insobornable, impertérrita, e impasible–que encarna las dimensiones de lo justo y de la verdad, muy semejante a la función de la Maat en Egipto. Es la jueza de ultratumba, examinadora ontológica y moral de los difuntos y su conducta, a quien se le asigna la función evaluadora del alma. Cual Caronte, también le corresponde conducir a las almas de los muertos a la orilla del mundo invisible, hacia el poniente (al suelo de la Isla Mocha) y servir de barquera, función que ella cumple metamorfoseándose en ballena (yene) y en donde sobre su lomo les aplica diferentes pruebas y preguntas. La principal de ellas es la cuestión en torno al fuego, asunto capital para elegir el próximo destino, algo que  se tiene y se cultiva en vida, correspondiente a la pasión vocacional profunda y que ante la Jueza prontamente se debe manifestar como llama viva en los antebrazos,  desde donde debe brotar apenas se sople sobre ellos. Desde la perspectiva mapuche entonces, se redime y salva el alma a través de un proceso de autoredención; es decir, cultivando un intenso fuego interior:  la capacidad de desarrollar un poder  concreto dentro de sí mismo. La Isla Mocha en verdad es la gran antesala del küllchenmayeo, aquel  lugar de ultratumba donde, luego de pasar las laberínticas pruebas de los poderes y jueces, el alma del difunto/a se encontrará con sus antiguos familiares, porque en ese lugar se juntarán todos los mapuche, dado que allí se constituye la segunda vida eterna (la primera, dicen los kimche, ocurre antes que la chispa del pëllü encarne en el vientre de la madre). Según calificados ancianos informantes (como el kimche Domingo Curaqueo) es esta la precisa morada donde ocurre el reencuentro con sus antepasados, con los que fueron afines de alma.

La pregunta por el fuego y el significado espiritual del fuego en la Isla

Es muy interesante que sobre las aguas marinas que rodean la costa de la isla  pueda obtenerse fuego. Porque a causa del gas natural fluyendo desde debajo de la costra pétrea,  basta encender un cerillo para las llamas aparezcan sobre la aguas. Según la tradición mapuche,  si el espíritu –el que mucho debe trabajar en vida por despertar- logra responder una pregunta acerca del fuego interno y superar las  pruebas que le darían la competencia o la aptitud celestial, es depositado en la isla Mocha donde dispondría de la libertad para elegir su destino siguiente o su próxima reencarnación.  Y allí, según la tradición la balsera de los muertos nos hará una pregunta decisiva  ¿Kopawimi kay? es la muy concreta pregunta central del  dialogo, que literalmente significa “¿te pinchastes con  fuego”? una  especie de  tatuaje en los brazos hecho con las brasas del  tallo  de  la  linaza. Entonces el difunto/a, junto con mostrarle las marcas respectivas en sus antebrazos, debería responderle: Kopawün!. “Sí, me he autotatuado”. Por lo que acorazar la voluntad con un fuego interior, tal es la vía mapuche para la salvación del alma (…y del cuerpo); es decir, el camino de la autoredención a través del fuego. Porque quienes no tienen deseo propio, son autómatas, “zombies”; son los witranalwe, “los que le han chupado el deseo del alma”.  Serían, los réprobos, los perdidos, los esbirros del wekufe, del “mal forastero” y a la vez que servirán  de alimento instrumental del mal, del “demonio”. El demonio o wekufe, según la cultura mapuche-lafkenche, sólo se lleva a los que no tienen ordenadas sus partículas. Suele retroceder frente a los que no tienen miedo, pues eso le indica que han sabido someter sus díscolas fuerzas a un deseo fogoso, claro e intenso  Y se tiene miedo sólo cuando llegamos fríos a la tumba, es decir, sólo cuando el guerrero no cultivó el fuego de un propósito indomable.

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